La competencia informacional en la «sociedad de la información»: problemas y soluciones

1. Introducción

La competencia informacional tiene una gran importancia en la sociedad actual, en la que la vida de las personas está mediada por tecnologías de todo tipo y hay una ingente cantidad de información a su disposición. El objetivo de este ensayo es presentar esta importante cuestión, analizar brevemente cuál es la situación actual y determinar cómo mejorar las competencias de quienes integran nuestra sociedad.

2. Alfabetización informacional versus alfabetización digital

La sociedad del norte global actual no se puede entender sin las tecnologías informáticas que han pasado a formar parte de nuestras vidas. Ya no son solo los jóvenes quienes usan masivamente las tecnologías; muchos mayores ya poseen un móvil inteligente, ordenadores, tabletas, lectores de libros electrónicos, etc. En EE. UU., por ejemplo, el 61 % de la población de más de 65 años posee un móvil inteligente1. Cabe, sin embargo, preguntarse si realmente hacen un uso eficiente de la tecnología para obtener información de calidad.

Con la adopción de las tecnologías informáticas han ido surgiendo términos como alfabetismo o alfabetización digital, sociedad de la información y alfabetización informacional, entre otros. Empezaremos describiendo la sociedad de la información, un concepto acuñado por el sociólogo Yoneji Masuda en su obra La sociedad informatizada como sociedad post-industrial (publicada originalmente en japonés en 1980). El término hace referencia a la importancia social que se le concede a la comunicación y a la información en la sociedad actual, donde se involucran las relaciones sociales, económicas y culturales2. Sin embargo, cabe señalar que la sociedad de la información no se da en todo el mundo, al menos no de igual manera: según los datos de la International Telecommunication Union (Unión Internacional de Telecomunicaciones), 2,9 mil millones de personas nunca han utilizado Internet3.

Por otro lado, la alfabetización digital y alfabetización informacional pueden entenderse casi como sinónimos en la sociedad de la información, pues el acceso a la información está mediado por las tecnologías informáticas. Los dos tipos de alfabetización son inseparables4. Es por ello que los utilizaré como sinónimos en este ensayo. El término alfabetización digital hace énfasis en el uso de las tecnologías, mientras que el de alfabetización informacional es más aséptico. Una definición de alfabetización informacional es «la capacidad de una persona para saber cuándo y por qué necesita información, dónde encontrarla, y cómo evaluarla, utilizarla y comunicarla de manera ética»5. Se puede tener una mayor o menor alfabetización informacional.

3. Los problemas presentes en la «sociedad de la información»

3.1. Limitaciones técnicas

Sin duda, la infraestructura informática determina la capacidad de aprovechar al máximo las competencias digitales aplicadas a la búsqueda de información. Por ejemplo, determinados equipos antiguos no pueden hacer uso de determinados programas informáticos, existen redes de información inaccesibles desde ciertos países, hay navegadores web (normalmente obsoletos o no actualizados) que no pueden cargar correctamente determinadas páginas web, etc.

La capacidad de superar esos obstáculos depende, entre otras cosas, de las condiciones socioeconómicas y de nuestro lugar de residencia. Por muy hábiles que seamos es imposible obtener cierta información cuando en donde nos encontramos no hay acceso a electricidad o a Internet. Si no tenemos dinero para comprar un equipo informático y no podemos acceder a uno público, como sucede en muchos países pobres, será imposible siquiera hacer uso de las competencias digitales. Si no tenemos esas limitaciones, como sucede en los países desarrollados, podremos hacer uso de las tecnologías y podremos hablar de alfabetización digital.

Algunas empresas tienen comportamientos que exacerban el problema. La obsolescencia programada, que reduce la vida útil de los productos tecnológicos, provoca un mayor desembolso económico a largo plazo, volviendo la tecnología menos accesible. Existen legislaciones que pretenden solucionar esta situación, como la ley francesa 2015-9926, que puede castigar con dos años en la cárcel o con cuantiosas multas.

3.2. Competencias insuficientes

Ahora bien, que tengamos los medios no quiere decir que tengamos las competencias. Para desarrollar dichas competencias debemos aprender a usar las tecnologías y a usar estrategias que nos permitan hacer frente a los obstáculos.

El sistema educativo actual se está enfocando mucho en la adquisición de esas competencias, pero de forma errada según muchos críticos que advierten de la pérdida de privacidad de los menores de edad al imponer plataformas como Google y Microsoft7. No se han fomentado plataformas respetuosas con la privacidad, descentralizadas, autogestionadas y libres, sino todo lo contrario: se depende, sobre todo, de empresas estadounidenses que restringen el conocimiento, con lo que dificultan el aprendizaje8. Por otro lado, solo una de cada cuatro empresas formaba a sus empleados en competencias digitales en 20199; todavía muchísima gente usa tecnologías que les convierte en «usados», y no en «usuarios»10, al carecer de las libertades que ofrecen los programas libres11; proliferan las noticias falsas12; el espacio digital está plagado de monopolios13; etc.

Las noticias falsas han proliferado gracias a redes sociales centralizadas como Facebook, que ganan dinero con la atención y radicalizan por ello a los usuarios con noticias falsas, según las revelaciones de Frances Haugen14. La información se comparte muy rápido, y la gente dedica cada vez menos tiempo a analizar la información. No se fomenta el debate ni el análisis crítico, sino el posicionamiento (positivo compartiendo, dándole a «me gusta», comentando positivamente; negativo dándole a «no me gusta», no compartiendo, comentando negativamente) ante un hecho impactante que nos ofende, nos llama la atención, activa nuestras emociones, pues eso es lo que hará que la gente pase más tiempo frente a la pantalla, llenando así los bolsillos de las empresas, que pueden mostrar más anuncios y recopilar más información de los usuarios. El resultado es una sociedad polarizada, mal informada y con poco espíritu crítico. No hay una red social popular basada en el debate respetuoso, aportando fuentes, sin contenido excesivamente llamativo, etc., precisamente porque no es rentable.

3.3. El mito de los nativos digitales

Pensky, quien acuñó el término de «nativos digitales»15, no realizó una investigación extensa sobre esta generación, sino que se basó en simples observaciones, como en el número de horas que los universitarios pasan frente a pantallas (pero sin aportar fuentes) y en el hecho de que los jóvenes hayan estado inmersos en la tecnología digital durante toda su vida. Solo a partir de esas observaciones no se puede afirmar que los jóvenes entendían lo que estaban haciendo con estos aparatos, o que lo estaban haciendo de forma efectiva y eficiente. Por el contrario, varias investigaciones16 nos muestran que esos «nativos digitales» nacidos a partir de 1984 no tienen un conocimiento profundo de las tecnologías, sino que solo tienen habilidades básicas de ofimática, de envío de mensajes de texto, de uso de redes sociales como Facebook y de navegación por Internet. Rowlands et al.17 concluyeron que «muchas anotaciones profesionales, escritos populares y presentaciones de PowerPoint sobreestiman el impacto de las TIC en la juventud, y que la presencia ubicua de la tecnología en sus vidas no ha resultado en una mejora de las capacidades de retención, búsqueda o evaluación de información».

Las empresas intentan crear una dependencia de los alumnos a programas privativos ofreciéndolos de forma gratuita. Estos programas suelen recopilar datos personales para venderlos, se lucran con anuncios y tienen una licencia restrictiva que se debe pagar8. Los jóvenes, desconocedores de las verdaderas intenciones de las empresas, son una presa fácil. No son unos genios, sino que están aprendiendo, y pueden aprender mal. La intención de esas empresas no es que aprendan, sino generarles una dependencia a sus productos.

El mito de los nativos digitales es algo pernicioso porque intenta hacer ver que el problema de la subcompetencia digital no existe o se resolverá a medida que las generaciones más jóvenes vayan reemplazando a las más mayores.

3.4. Censura

Existen factores políticos que influyen en la aparición de monopolios informativos y tecnológicos, aunque hay algunos intentos por parte de algunos sectores para remediar esto. Respecto a los resultados mostrados por los buscadores también se aprecia una gran influencia política. Por ejemplo, la Unión Europea obliga a los buscadores a censurar resultados que infringen los derechos de autor, que no respetan el derecho al olvido y, recientemente, se han censurado los medios de comunicación estatales rusos18. Por otro lado, China también censura muchos resultados ofrecidos por buscadores disponibles en su territorio19 (Wikipedia, 2022).

Algunos buscadores pueden decidir también censurar todos los resultados sobre un determinado tema, tipo de contenido, etc., sin importar la ubicación geográfica de los usuarios. Es el caso de DuckDuckGo, que ya no muestra en su lista de resultados los sitios web relacionados con «desinformación rusa»20. La mayoría de buscadores no suelen admitir abiertamente realizar acciones de este tipo y no tienen ningún tipo de transparencia. Google acumula decenas de millones en multas por alterar los resultados para su propio beneficio21. Casi todo el mundo usa Google: un 91,56 % en marzo de 2022, según Statcounter22, siguiéndole Bing con un 3,1 %. Existe un motor de búsqueda distribuido y libre llamado YaCy, pero su uso es marginal y sus resultados no son muy buenos para redes tan grandes como Internet, por lo que es mucho más usado en intranets.

Es muy caro desarrollar un buscador para Internet, así como también es caro mantenerlo. Por ello casi todos los buscadores pertenecen a grandes empresas.

3.5. La información desaparece

Por otro lado, mucha información también desaparece por motivos económicos, de poca difusión de la página, etc. Justamente lo mismo pasó con los libros antiguos: de Grecia y Roma nos han llegado solo algunas obras populares, y poquísimas impopulares. Los archivistas, bibliotecarios, lectores, etc., preservaron esas obras, por lo que podemos encontrar copias en bibliotecas y en Internet a día de hoy. En Internet, alojar una página cuesta dinero: tanto el coste del servidor como el del dominio, a no ser que se opte por usar un protocolo alternativo, como el servicio oculto de Tor (con lo que solo se paga por el servidor), o se dependa en el alojamiento proporcionado por otro individuo, organización o empresa (normalmente, a cambio de poner anuncios, apoyado por donaciones o simplemente como un acto típico de un mecenas). Muchísimas páginas han desaparecido porque no se han mantenido los servidores o no se ha pagado el dominio. Si las obras no tenían mucho interés, probablemente se perdieron las copias. Esa información puede ser también relevante para nosotros, y es posible que alguien la haya archivado. Por eso, es bueno que sepamos que existen archivos de páginas web y de archivos multimedia como Internet Archive.

A fecha de abril de 2022, Internet Archive tiene más de 670 billones de páginas web; 34 millones de libros y textos; casi ocho millones de películas, vídeos y programas de televisión; 800 000 programas informáticos, 14 millones de archivos de audio, 4,3 millones de imágenes, entre otras cosas, normalmente agrupadas en colecciones, disponibles en varios formatos y con metadatos23. Internet Archive es una organización sin ánimo de lucro. También existen otros proyectos con el mismo objetivo (como archive.today) e iniciativas de carácter estatal, como el proyecto Memento24 (de los Estados Unidos).

4. Cómo aumentar la alfabetización informacional

Las habilidades en el uso de programas informáticos y la capacidad de plantear consultas de búsqueda para resolver problemas es también algo muy importante en nuestra sociedad de la información. Las habilidades de búsqueda no solo consisten en buscar en un buscador, sino también en navegar por menús, por la documentación del programa, participar en foros, etc. Es importante también saber qué versión del programa en cuestión estamos usando, pues puede haber soluciones en Internet para una versión que no usamos y no nos sirve.

En definitiva, cuanto más elevado sea el conocimiento de informática, más desarrolladas están nuestras capacidades de búsqueda de información. Si sabemos qué es un buscador web y cómo funciona, podemos realizar mejores búsquedas; si sabemos cómo usar un servidor proxy, podremos evitar las restricciones de acceso a la información según la ubicación geográfica (normalmente país) o dirección IP; si conocemos los prejuicios y las limitaciones de los buscadores, podremos contrastar resultados de búsqueda y elegir el buscador más apropiado para cada consulta; si consultamos archivos web, podremos ver cómo ha cambiado la información a lo largo del tipo y páginas que ya no son accesibles; etc.

Para desarrollar esas habilidades es necesaria la educación y la práctica. De la misma forma que no se aprende a tocar la guitarra en un día, tampoco se aprende a usar un ordenador y a acceder con eficacia a la información en un día. La familia, las empresas y la comunidad educativa tienen un papel esencial para fomentar el desarrollo de esas habilidades.

Cuando necesitamos obtener cierta información y nos encontramos obstáculos tenemos una posibilidad de aprender a evitarlos. Podemos investigar cómo hacer frente a esos obstáculos, a usar estrategias para obtener información más relevante. Alguien que ha superado esos obstáculos puede ayudarnos a hacer lo mismo. El papel de la comunidad de usuarios es importantísimo, así como el de los docentes.

Sin embargo, no avanzaremos en esas habilidades si nos es suficiente con lo que sabemos o pensamos que no hay ningún problema con la información obtenida. Una persona atrapada en la burbuja de las redes sociales, consumiendo información falsa y comprando como resultado de la enorme industria de la publicidad en Internet, puede ignorar estas habilidades y pensar que es experta en el uso de las tecnologías informáticas. Puede ser víctima del efecto Dunning-Kruger, que David Dunnung resumió así: «Si eres incompetente, no puedes saber que eres incompetente… Las habilidades que necesitas para producir una respuesta correcta son exactamente las habilidades que necesitas para reconocer qué es una respuesta correcta»25.

Lo mejor es tener habilidades que permitan adaptarnos a todo. No basta con saber usar un buscador, un programa… concreto, sino que es necesario conocer sus rasgos comunes. Así, si actualizan el programa o nos encontramos en un sistema operativo diferente con un programa diferente, podremos seguir usándolo correctamente, sin grandes complicaciones o contratiempos.

5. Conclusión

La «sociedad de la información» en general está bastante desinformada. Sin embargo, las habilidades que forman parte de la alfabetización digital se pueden adquirir con educación y práctica. El sistema educativo ha ido aumentando con los años la alfabetización digital, pero no lo suficiente en los niveles educativos básicos. Quienes adquieran un mayor nivel de competencias informacionales podrán participar mejor de esta sociedad.


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