¿Fantasmas?

El vulgo no entiende nada: es muy vago y no quiere pensar por sí mismo. Entretenimiento en todo momento, comida... ¿qué más puedes pedir? Tiene incluso orgullo de formar parte de este paraíso, que defenderá ondeando telas de colores y articulando «su» meditada opinión. Hasta ahora le va bien consumiendo su vida rodeado de fantasmas —como diría Max Stirner—; ¿pero creerá en fantasmas cuando no tenga nada que llevarse a la boca?, ¿cuándo no pueda evadirse más?

Con la extinción masiva de especies, la brutal perdida de suelo, el encarecimiento del petroleo y demás problemas creados, quien peor parado puede salir es quien vive en otra realidad, aunque nadie se libra.

¿Cuántos árboles, ríos, montañas, pájaros, insectos... de tu zona puedes nombrar?; ¿cuántas marcas de móviles, coches, videojuegos, de otras cosas? ¿Serías capaz de sobrevivir si de repente estuvieran vacías las estanterías del supermercado, sin la ayuda del estado, de tu familia?

Del Imperio romano muchos ciudadanos consumían su vida presenciando espectáculos, subsistiendo gracias al grano que el estado les suministraba mientras podía: panes et circenses. Algún día dejaría de ser accesible el alimento, dejaría de protegerlos la decadente Roma. Sin saber subsistir en el desamparo ni poder encabezar sus vidas, llegarían mercenarios para cortarles las cabezas.

«El objetivo del estado es siempre el mismo: limitar al individuo, domesticarlo, subordinarlo, subyugarlo». — Max Stirner

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